Su voz mostró sorpresa, pero considerando mi estado, aceptó.
Colgué y desmonté la cámara de seguridad de la sala. Cuando Carlos llegó, ya era de noche. Parecía preocupado, pero al ver mi expresión seria, no dijo nada. Se preparó en el sofá como siempre.
—Hoy no aquí, en la cama—dije sin mirarlo, y caminé hacia el dormitorio.
Carlos dudó, pero finalmente entró. Esta vez no usó aceite; sus manos recorrían mi pecho con suavidad, y yo ya no intenté controlar mis deseos.
En poco más de una hora, Carl