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— ¿A qué te dedicas, chico?

Puse los ojos en blanco ganándome una mirada fulminante de mi padre. Odiaba que se comportara como si fuera superior a todos, y mucho más que levantara la cabeza con orgullo pensando que podía dejar a las personas en ridículo. Oh, no, conocía a mi prometido, Jax nunca quedaba en ridículo.

—Estoy estudiando administración de empresas, solo tengo veintiuno —contestó.

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