–¡Dios mío! ¡Lo lamento tanto, Aleks! –me disculpe mil veces cuando subimos a su auto.
–No tienes que disculparte, Margareth.
Encendió el auto y comenzó a conducir.
–No sé cómo apareció en este restaurante, Sean es demasiado delicado respecto a la comida, siempre va a lugares más sofisticados, nunca estaría en un lugar así, lo lamento mucho, de verdad.
–Lo conoces bien.
–Quisiera que no, pero estuvimos casados.
Miré a la ventana avergonzada, esperaba a que me llevará a casa y olvidar todo