–¡¡¡Mami!!! –exclamó Johan corriendo a mis brazos, le di un beso atrapandolo entre mis brazos, era un niño adorable y cariñoso.
–Mi vida, ya llegue, ¿cómo estás? Te amo.
Él me besó las mejillas como lo hace cada tarde cuando regresó de la oficina, está vez se detuvo cuando vió a Sean detrás.
–Papi.
–Si mi vida, tu papi vino a verte.
Se bajó de mis brazos y tomó a Sean de la mano, él no entendió así que tuve que decirle.
–Quiere llevarte a algún lugar, seguro a jugar –mencioné.
–Está bien,