A la mañana siguiente me sentía mejor aunque amanecí un poco hinchada por haber llorado toda la noche, me di una ducha y al bajar Madeleine tenía listo el desayuno.
–¿Dónde están Sean y Dewey?
–Se fueron a trabajar, cada quien a donde le toque por supuesto –mencionó –. ¿Cómo estás?
–Me siento mejor.
–Bien, entonces comé.
Madeleine no preguntó nada sobre lo que pasó con Sean anoche, yo tampoco le dije, tuve todo el día para pensar, me había gustado estar con Sean otra vez, para que mentir, era