Menos mal que no perdió la apuesta.
—Señorita Guzmán, ¿el café no es de tu agrado?—Jairo arqueó las cejas ligeramente, las lentes de sus gafas reflejaban la luz de la cafetería, pero podía sentir la sonrisa detrás de esos ojos.
—No, solo que en este momento no estoy en condiciones de tomar café—Aurora sacudió la cabeza y colocó suavemente la mano sobre su vientre. Si la pequeña vida había decidido llegar en este momento, ella haría todo lo posible para protegerlo.
Jairo notó todas las expresione