El policía aceptó cortésmente el formulario de firma y despidió a los dos magnates a quienes no podían enfrentar, si no fuera por la reciente orden de aumentar la represión contra la prostitución, no habrían tenido que pasar por tantos trámites.
—Bien— dijo Ezequiel, levantando una ceja mientras observaba a Valentín, quien parecía no querer irse, con una sonrisa burlona en los labios. —Si quieres volver a entrar, puedo ayudarte ahora mismo.
—Pah, estaba pensando en si deberíamos dejar que la man