Con una amarga sonrisa en los labios, parecía que hoy no moriría mordida, sino electrocutada por un rayo.
Los movimientos de Ezequiel se detuvieron al verla temblar, frunciendo el ceño involuntariamente.
Agarrándola del brazo, la arrastró hacia el automóvil estacionado cerca con paso firme, llevando a Aurora a la fuerza.
A pesar de que no había encendido el aire acondicionado, la temperatura dentro del auto era mucho más cálida que afuera. Aurora se sentía mareada, sin fuerzas para resistirse, s