En el costado de la calle, Aurora había estado sentada en el Jeep durante horas. Desde que salieron del parque de diversiones y la ayudaron a subir al vehículo, no había derramado ni una sola lágrima. Simplemente mantenía una postura rígida y miraba fijamente por la ventana, con los ojos sin moverse, lo que la hacía aún más conmovedora.
Ulises estaba a su lado, sintiendo compasión pero sin poder consolarla. A veces, cuanto más callado se está, más duele en el corazón. Y cuando el dolor es extrem