Valentín, al oír eso, palideció de inmediato. Al verla tomar el cuchillo de frutas e intentar salir, su mente no tuvo tiempo de pensar y sólo pudo decir:
—¡Camila, estás aquí!
—¿Ezequiel?
—Sí, soy yo.
Valentín apretó los labios con nerviosismo. No era médico y no tenía idea del peligro que podría representar el estado de Camila, pero además de intentar calmarla, no se le ocurría otra cosa.
—¡Miserable, infeliz, te mataré!
Camila gritó mientras blandía el cuchillo hacia él. Valentín esquivó el po