¡Él realmente saltó al agua!
En un instante, toda la alegría se convirtió en cuchillas que se clavaron en su corazón.
Sus puños se apretaron con fuerza, y la suavidad fingida en sus ojos, después del asombro, se convirtió en frustración y odio.
Ezequiel se lanzó al agua, el agua salada le llenó los ojos, ardiendo tanto que apenas podía abrirlos, pero no podía preocuparse por la incomodidad en sus ojos. Nadó frenéticamente, buscando la figura de Aurora.
¡Aurora! ¡Maldita sea, ¿dónde estás?!
La su