Aurora estaba esperando esas palabras. Sonrió mientras empujaba la puerta del coche, y el aire fresco de la libertad llenó sus fosas nasales. Con las piernas temblorosas y debilitadas, dio unos pasos, pero apenas avanzó un poco cuando escuchó la voz enojada detrás de ella.
—Aurora, más te vale no ocultarme nada, ¡o te aseguro que no te irá bien!
¿No le irá bien? ¡Ella había sufrido lo suficiente como para no esperar nada bueno!
Al ver que ella no se detenía, Ezequiel cerró su puño sobre el volan