Capítulo 24
Sintiendo su vacilación y conflicto, Jazmín levantó la cabeza con lágrimas en los ojos, su rostro pálido inspiraba compasión.

—No importa si puedes aceptarme de nuevo, Yago es inocente. Su único deseo es tener su propio papá. Ezequiel, por favor, compadece a nuestro hijo, ¿de acuerdo?

La súplica humilde hizo que la garganta de Ezequiel se retorciera y, en su mente, no pudo evitar recordar la imagen patética de la pequeña figura que lo abrazaba sin soltarlo. Su corazón se ablandó una vez más.

—T
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