Mundo ficciónIniciar sesiónKaterine se puso nerviosa, pero no aflojó su expresión al bloquearle el camino a Ean.
—No puede verte, escóndete.
—No —fue lo que él le respondió.
Tenía las fosas nasales expandidas, estaba oliendo al hombre que se hallaba en la puerta.
—Él no representa ningún peligro —susurró con calma—. Es mi amigo.
La puerta volvió a ser tocada, Cole ya la había escuchado y estaba insistiendo en entrar. Ella nunca tardaba tanto en abrirle.
Ean miró a K
“¡Oh! No, a nadie amo: a nadie amaré. El altar que tú habitas no será profanado por otro ídolo ni otra imagen, aunque fuera la de Dios mismo”. El extracto pertenece al libro: Las más hermosas cartas de amor entre Simón Bolívar y Manuela Sáenz.







