Capítulo 13: Un brindis amargo
La sala de juntas quedó vacía, salvo por Damián y Elena. El silencio que siguió a la salida de los accionistas era pesado, pero ya no era hostil. Era un silencio cómplice.
Damián se aflojó la corbata y se dejó caer en la silla que antes ocupaba su abuelo. Soltó un suspiro largo, pasándose la mano por el cabello oscuro.
—Estuviste increíble —dijo él, mirando a Elena con una intensidad que le erizó la piel—. Vanessa ni siquiera vio venir el golpe.
Elena se acercó a l