POV de Genie
El olor a antiséptico y metal frío me golpeó primero. Luego la luz blanca, cegadora, que se clavaba en mis retinas como agujas. Intenté moverme, pero mis muñecas y tobillos estaban sujetos con correas de cuero acolchado. No eran esposas improvisadas. Eran de laboratorio. Profesionales.
—Bienvenida de nuevo, número Cuatro —dijo una voz que reconocí al instante. La misma que me había susurrado “hija” antes de que todo explotara.
El científico —mi “padre”— estaba de pie al lado de la