El trayecto de regreso a la mansión transcurrió en un silencio tenso y pesado. Cassandra miraba por la ventanilla del vehículo de Samantha, sintiendo que el pecho le estallaba de emociones contrapuestas. Por un lado, la imagen de Sebastian llorando, abrazando al pequeño Luca y pidiéndole perdón en silencio, se había grabado a fuego en su alma. Había hecho lo correcto. Pero, por otro lado, el instinto de supervivencia le gritaba que la calma era solo la antesala de la tormenta.
Al cruzar los eno