La luz de la tarde apenas se filtraba a través de los pesados estores del despacho de Sebastian, proyectando sombras alargadas sobre la mesa de caoba. Estaba sentado solo, con la mirada fija en la pantalla del ordenador parpadeando. Se frotó las sienes, sintiendo un leve dolor de cabeza punzante. Las palabras de Jordan la noche anterior seguían rebotando en su mente: "ella está desestabilizada, tú eres el único factor nuevo".
Saber que tenía ese efecto sobre Cassandra era un arma de doble filo.