Lidiar con la cercanía de Sebastian se estaba convirtiendo en una tortura silenciosa para Cassandra. Estaban revisando las proyecciones financieras, con los documentos esparcidos sobre el escritorio, pero ella apenas podía concentrarse en las cifras. Tenerlo a menos de un metro la descolocaba. Podía percibir el ritmo pausado de su respiración y cada movimiento que hacía. El corazón le golpeaba contra las costillas con una fuerza vertiginosa, amenazando con escapársele del pecho. Era demasiado.