—Te prometo que nunca, escúchame bien, nunca te pasará nada. ¿Está bien? —le juró, con la voz temblorosa pero cargada de una ferocidad maternal—. Y si tomo decisiones en la vida que no te puedo explicar, porque sé que aún no las entenderías, es simplemente porque te amo. Porque mi único propósito es mantenerte a salvo.
Luca arrugó el entrecejo, procesando sus palabras con esa mente analítica que tanto se parecía a la del hombre que habían dejado atrás.
—¿Entonces qué significa eso, mamá? —pregu