-Vení a casa, quedate a dormir.
Le dijo Seba.
Ya se habían retirado del hogar de sus padres.
-Pero no tengo ropa para ponerme mañana.
En la semana no dormían juntos, muchas veces cenaban juntos, pero cada uno terminaba en su propia cama.
Sebastián se estaba acostumbrando a dormir con ella, a sentir su aroma y su calor cuando se despertaba.
Cada día le costaba más separarse, eso, en cierto modo, también lo incomodaba, se enojaba consigo mismo por sentir que se estaba haciendo adicto a Loan