Al amanecer Juan Pablo la vio dormida junto a él y sonrió diciendo en voz baja: - ¡No fue un sueño!
Se levantó con mucho cuidado y se bañó para dejarla descansar un poco más. Así no había oportunidad que ella viera la fea cicatriz.
Al salir de la ducha, escuchó que tocaron y respondió en voz baja: - Pase.
Dorita entró y al verla dormida cómodamente en la cama, ella sonrió y dejó la bandeja con dos platos de desayuno para los dos.
-Dorita hoy sirve el almuerzo en el comedor, me gustaría que mi m