MAYA
—Te queda bien —digo susurrando, pasando los dedos por su barba que me pincha.
—Parezco un vagabundo. No he tenido tiempo ni de afeitarme.
—He sido una egoísta —me cuesta admitir.
Alex me aparta el pelo de la cara y sus nudillos me rozan la piel de una forma tan suave que podría echarme a llorar.
—Claro que no, ¿por qué lo dices?
—Porque llevo semanas dudando de ti y de lo nuestro mientras tú estabas aquí pasándolo mal.
—¿Dudas de lo nuestro?
—No. Dudaba de lo que tu podrías estar pensando