MAYA
Me duele tanto la cabeza y tengo la boca tan seca, que me lanzo a por la botella de agua y la pastilla que hay en la mesilla a mi lado.
—Buenos días, fiestera.
Cierro los ojos, todo me rebota por dentro. Los abro lentamente para ver que le debe parecer muy divertido el estado en el que me encuentro. Por un segundo me encuentro tan desubicada que no pienso en cómo debo de verme ni en si le seguiré pariendo guapa toda resacosa. La cama se hunde cuando se sienta a mi lado y empieza a frotarme