MAYA
Las piernas todavía me tiemblan cuando me siento a su lado. ¿Vamos a repetirlo? Quiero repetirlo.
Alex echa la cabeza por el borde del jacuzzi y me mira.
—¿Estás bien?
Estoy de maravilla.
—Increíble —admito y le hago sonreír—. ¿Y tú?
—De la hostia.
Ahora él me hace sonreír. Eso por no hablar de que no me siento incómoda esta vez. Puede que sea porque las brubujas del jacuzzi me tapan hasta por encima del pecho o porque Alex solo me mira a los ojos pese a que yo no soy capaz de aguantarle l