Me lo quedé mirando con desdén y traté de seguir mi camino ignorándolo.
Pero se dio vuelta, me agarró y me forzó a un abrazo.
—María, me equivoqué, ¿podrías darme otra oportunidad? Te amo, no puedo perderte. Por nuestros seis años juntos, dame una última oportunidad...
Me abrazaba con fuerza mientras me declaraba su amor desesperadamente, sin soltarme por más que me resistiera y lo golpeara.
Me sentía terrible, como si su cuerpo estuviera cubierto de espinas. Solo quería escapar, así que le pisé