Antonio se mantuvo impasible, ni siquiera la miró, actuando como si nada de esto le afectara.
—¡Antonio! ¿¡Te has quedado sordo!? —Isabel comenzó a perder el control, lanzándole cualquier cosa que encontraba en la mesita de noche.
—¡Isabel, Isabel... detente! —gritó Carmen asustada al ver que su hija se había arrancado incluso la vía intravenosa.
Después de esquivar un par de cosas, Antonio por fin reaccionó.
Con expresión neutral y tono frío dijo:—Si tanto la quieres, quítasela tú. Tengo cosas