Aunque confío en mi experiencia profesional, no soy buena manejando empleados, así que estos días han sido agotadores y estresantes, con una presión inmensa.
Al atardecer, mientras miraba por la ventana y me preparaba para irme, me llamó Sofía.
—¿Dónde andas? —preguntó con tono relajado.
—En la oficina, trabajando extra —respondí sin energía.
—¿Estás loca? ¿Un fin de semana y en vez de relajarte estás trabajando?
—Ahora todo depende de mí y aún no me siento firme, no puedo darme el lujo de relaj