Si Daniela no entraba en razón, él definitivamente tendría que cumplir con su deber como guardaespaldas.
Daniela, preocupada por su imagen, al ver que la gente alrededor miraba, retiró inmediatamente su mano.
—¡María, con esta terquedad, tarde o temprano lo lamentarás! —tras lanzar esta advertencia, Daniela se marchó furiosa.
Adrián me miró. —Señorita Navarro, ¿está usted bien?
—Estoy bien, no te preocupes —lo tranquilicé, sin dar importancia a las advertencias de Daniela, y continué con mi trab