—¡Ah, está bien!
Entiendo que notó mi nerviosismo y me dio espacio a propósito para que me adaptara tranquilamente.
Cuando se metió al elevador, respiré profundo, obligándome a relajarme.
María, no pienses tanto, no pienses tanto.
Él lo dijo, no me va a presionar, no se precipitará, me respetará.
Así que esta noche no pasará nada.
Hay muchas habitaciones aquí, seguramente ni dormiremos en la misma cama.
Me obligué a calmarme y actuar natural antes de subir.
Apenas salí del elevador, él salió de