—Ay, yo no puedo beber, ¡pero ustedes dos sí pueden! —dijo Mariana sonriendo.
—¿Cómo va a ser eso? La diversión está en beber las tres juntas —insistí de buen humor—. Puedes tomar un poquito, no pasa nada.
—No, a menos que hables con Lucas y te dé permiso —Mariana hizo un mohín, pasándome la pelota.
Me quedé perpleja: —¿Que yo hable con Lucas? No sé si sea apropiado, ¿por qué no lo llamas tú misma?
—No, si yo se lo pido seguro que no me deja —Mariana me empujó suavemente el brazo, suplicando—. M