Cuando terminé de hablar, hubo un momento de silencio, seguido por la voz emocionada de mi tía: —María, ¿hablas en serio?
—Por supuesto. Con estas acciones, todos vienen a molestarme. Mejor las vendo y me quedo tranquila con el dinero.
Mi comentario era sarcástico, pero mi tía lo ignoró completamente, concentrándose solo en preguntar entre risas: —¿Por cuánto me las venderías?
Reflexioné un momento y respondí: —He calculado que... todas mis acciones valen alrededor de ocho millones de dólares, p