—¿Tomó pastillas para dormir? —preguntó la enfermera, asombrada.
—Sí, tomé dos antes de dormir. Han pasado... —miré el reloj digital sobre la puerta de emergencias— unas cuatro horas.
—Imposible entonces, no pasaría los respectivos análisis —respondió la enfermera negando con la cabeza.
Levanté las manos en señal de rendición y, mirando sus ojos atónitos, dije con calma:
—Lo siento mucho, no es que no quiera ayudar, es que no puedo.
—¡María, nos engañaste! —Mariano explotó—. ¡¿Por qué no lo diji