Antonio siempre había creído que Isabel era solo mi hermanastra. Lo miré y, pensando que ya no tenía sentido alguno ocultarlo, le dije con sarcasmo:
—¿Apenas te enteras? Isabel y Sergio son mis hermanos de sangre, hijos del mismo padre.
La sorpresa de Antonio creció de forma vertiginosa:
—¿Mismo padre? Pero solo son dos años menores que tú...
—Exacto. Ese animal que tengo por padre engañó a mi madre cuando yo apenas tenía un año, quizás antes. Presionó a mi madre de todas las formas posibles par