La mañana amaneció radiante sobre la ciudad. El sol se filtraba a través de los ventanales del penthouse, bañando el piso de madera oscura con una luz dorada que parecía anunciar un día lleno de posibilidades. Pero Joaquín no estaba pensando en posibilidades. Estaba en su gimnasio privado, con el torso desnudo y el sudor corriendo por su piel, levantando pesas con una intensidad que bordeaba la obsesión. Cada repetición era una forma de canalizar la rabia, la frustración, el miedo. Todo lo que