La pista de carreras quedó en silencio después de que Joaquín y Val se alejaran en el auto de Joaquín. El viento movía las banderas de meta, y el sol de la mañana comenzaba a calentar el asfalto. Luna salió lentamente de su escondite, con los ojos brillantes de curiosidad y desconfianza. Sus manos temblaban ligeramente, no de miedo, sino de la emoción de haber descubierto algo que no debía. El eco de las palabras que había escuchado aún resonaban en su cabeza como un tambor que marcaba el ritmo