Leticia tomó la pulsera y la colocó suavemente en la muñeca de Amaya.
Luego volvió la mirada hacia el gerente.
—Llame a su jefe.
Hizo una breve pausa.
—Dígale que voy a comprar esta tienda. Que ponga su precio.
Silencio.
Silencio absoluto.
Todos en la joyería la miraron completamente atónitos.
El gerente tragó saliva.
Esto no era una broma.
Después de lo que acababa de pasar, ya lo entendía—
aquello no tenía nada que ver con dinero.
Se trataba de defender a su madre.
Y alguien con una tarjeta n