Los siguientes días estuvieron grises y empapados por la lluvia.
Pero para el viernes, el cielo finalmente se despejó.
Leticia llevó a Amaya de compras, decidida a renovarle por completo el guardarropa.
—Mamá —dijo señalando hacia adelante—, hay una joyería allí. ¿Quieres entrar a mirar?
Amaya siguió la dirección que señalaba Leticia y se quedó inmóvil un segundo.
Solo con ver la fachada lujosa podía imaginar que todo dentro costaría una fortuna.
—Ni siquiera uso joyas —respondió negando con la