El rostro de Larry palideció.
¿Qué podía decir ahora?
Al final, no tuvo más opción que observar cómo el doctor Nyx se marchaba.
—¡¿Papá, de verdad vas a dejar que se vaya así?! —gritó Colin, incapaz de aceptarlo.
Sus piernas…
Le habían dado esperanza…
solo para arrebatársela de inmediato.
Era insoportable.
—¿Y qué más quieres que haga? ¡Ese es el doctor Nyx! Si él se niega, ni siquiera el Jefe de Estado podría obligarlo. Y si se corre la voz de que lo ofendimos, ¿quién en esta ciudad seguirá ha