Mundo ficciónIniciar sesiónPoco después, trajeron la comida.
Tras asearse rápidamente, Santiago tomó el cuenco, llenó una cucharada y comprobó la temperatura.
—Perfecto. Ya puedes comer.
Leticia miró la cuchara... y luego los labios de Santiago, donde aún quedaban restos de gachas.
Había algo en aquella escena que le resultaba... extraño.
—Gracias —dijo, extendiendo la mano para tomar el cuenco.
&m







