Leticia giró la cabeza.
Santiago estaba allí.
Nadie sabía cuánto tiempo llevaba observando.
Una cesta de frutas yacía en el suelo, con todo su contenido esparcido por todas partes.
A su lado, Darrel dio instintivamente un paso atrás, aterrorizado ante la posibilidad de quedar atrapado en medio del conflicto.
La verdad era que la atmósfera de la habitación ya había cambiado.
La expresión de Santiago era sombría, sus ojos afilados y peligrosos.
Oh, no.
Darrel lo comprendió al instante.
Esto estab