Adrián alcanzó a Victoria en el pasillo que llevaba hacia la entrada principal.
Ella caminaba con el bolso sujeto al hombro y el teléfono en la mano, revisando algún mensaje con esa concentración que últimamente parecía acompañarla a todas partes. Ya no se movía por la mansión como alguien pendiente de ser llamada. Ahora atravesaba los espacios como quien tenía un destino propio.
—Victoria —dijo él.
Ella se detuvo sin sobresaltarse.
—¿Sí?
Adrián llegó hasta ella y bajó la mirada un instante, com