Tras el tenso almuerzo familiar en la mansión, Leo había buscado refugio en su apartamento de la ciudad, intentando poner kilómetros de distancia entre él y la presencia perturbadora de Elena. Sin embargo, el campus de la universidad, con sus pasillos de concreto y jardines de césped impecable, se encargó de volver a cruzarlos al día siguiente. Pensaron que la incomodidad de esa cena y verse en la cocina esa noche era el fin, pero estaban equivocados.
Elena caminaba sola cerca de la facultad de