El despacho de los abogados era un lugar gélido y un santuario de leyes y tecnicismos donde el aire parecía haberse estancado entre las paredes revestidas de madera oscura. Tras dos sesiones maratónicas de horas que se sentían infinitas, el ambiente estaba cargado de una tensión agotadora y una electricidad estática que hacía que hasta el acto de respirar resultara pesado.
Dante, sentado con la espalda rígida en una silla de cuero que se sentía como un trono de espinas, mantenía su postura de h