Adeline trató vanamente de contener la rabia que sentía tras la amenaza de Humberto.
«¿Con qué derecho se atrevía a querer controlar sus salidas? ¿Qué le importaba a él a qué hora llegaba?», se preguntó, sintiendo cada vez la furia aumentar y aumentar.
Respiró profundamente intentando serenarse y se dispuso a no permitir que su exmarido condicionara su vida, por supuesto que saldría todas las veces que quisiera, por supuesto que conocería a gente nueva. Le demostraría a Humberto y a todo e