La mirada inocente de su protegida parecía esperar una respuesta, mientras a su mente no lograba llegar ninguna excusa convincente.
«¿Cómo explicar que había dormido en la cama de su padre?», se preguntó aterrada por la sola idea.
—Sophie, yo… —comenzó a balbucear, sin saber exactamente qué decir ni cómo explicarse.
—¿Qué hemos hablado sobre tocar la puerta? —la fría voz de Gustavo, interrumpió su pésimo intento de justificación.
—¡Lo sé, papá, pero…!
—Nada de peros. Que no se vuelva a repet