Montones de lágrimas salían de los ojos de Carol, sin poder procesar lo que estaba ocurriendo. Su madre sabía la verdad, esa verdad que tanto le avergonzaba. Y ahora entendía su reacción, tenía todo el derecho a estar tan enojada, sabía que se merecía cada golpe, cada cachetada.
—¡Perdóname, mamá! ¡Yo no sabía qué hacer para pagar tu tratamiento! —lloró entonces, tratando de que comprendiera su decisión. Una decisión muy mala sí, pero la había tomado guiada por la desesperación.
—Yo no te ped