Las mejillas de Aisha se tiñeron de un rojo carmesí al escuchar los comentarios llenos de erotismo que su esposo le dedicaba, aunque tenía que admitir que compartía el sentimiento por completo y quería estar a solas con su esposo.
— Felicidades — Mel se acercó a ellos una vez que terminaron de bailar — muchas gracias por permitirme venir a la boda de mi prima, Alejandro.
— Si estás aquí es porque Aisha me lo pidió, pero quiero dejar en claro que no confío en ti en absoluto y que estaré encima t