Alejandro tomó a Aisha del brazo y empujó bruscamente a Christopher. Sus amplias manos que antes la habían llenado de caricias, ahora eran utilizadas de una manera tan fuerte que sus huesos crujían ante la presión.
— ¡En este momento nos vamos a la casa y tienes prohibido salir de ahí! — él la jaloneo y ella terminó por doblarse el tobillo.
— ¡Ay, me duele, me duele! — Aisha se tomó el tobillo y arrugó su cara — ¡¿Qué demonios te pasa?! No es lo que parece, Christopher solo me estaba abrazando