189. La nieve llega, las sorpresas tambien
La cocina está casi a oscuras. Solo la luz de la luna atraviesa los grandes ventanales y dibuja franjas plateadas sobre el suelo de mármol. Me quedo inmóvil bajo el marco de la puerta, Edward también. Lleva una bolsa de papel en una mano y un vaso de agua en la otra. Por un instante parece que ninguno de los dos sabe qué decir.
Entonces él traga grueso, como si intentara despejarse la garganta.
—Entonces los rumores eran ciertos.
Parpadeo varias veces.
—¿Rumores? —pregunto, aunque enseguida me